Cogí una risa con mi mano, una risa cualquiera y la lancé sobre mis penas.
Me sentí tan sola, tan vacía y despojada que nunca más pude llorar.
Cogí una risa que ni siquiera era mía y todo mi llanto se hizo piedra, abismo, eco, ausencia y nada.
Esta entrada fue publicada el Abril 17, 2009 a las 11:27 am y archivada bajo escritos 2002 con etiquetas Pena. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada a través del feed RSS 2.0
Puedes dejar una respuesta, o trackback desde tu propio sitio.
Noviembre 14, 2009 a 4:31 pm
Muy bonito, me a encantado lo que as escrito
sigue asi!
Saludos.