Penas

corazon-de-hielo

Cogí una risa con mi mano, una risa cualquiera y la lancé sobre mis penas.

Me sentí tan sola, tan vacía y despojada que nunca más pude llorar.

Cogí una risa que ni siquiera era mía y todo mi llanto se hizo piedra, abismo, eco, ausencia y nada.


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