Sabor amargo

El odio, la repugnancia llegan sin querer, llegan al
interior llenando el cuerpo como una ráfaga de hielo que penetra, quema como la
sal en la herida, abruman la existencia pero a la misma vez reconfortan.
 
El odio, la ira, la repugnancia llenan tus momentos cálidos
como un manto que cubre tus ojos, ciegan como un destello de luz, parte como un
rayo y deja cenizas.
 
Pero todo vuelve a reposar en el espíritu inquieto, segado,
comienza a disipar su neblina y a pesar de la paz interior queda en el infinito
el gusto amargo de la hiel derramada. Son momentos de magia.
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